Los últimos días los colombianos vivimos el paro nacional convocado para el 21 de Noviembre de 2019, y que se ha extendido por varios días acompañado de marchas y cacerolazos. La jornada de paro inició con protestas pacíficas pero en la tarde se empezaron a presentar saqueos, la mayoría de ellos en ciudades como Cali, Manizales y Facatativá.

En la ciudad de Cali los saqueos y la violencia llevaron al alcalde a decretar el toque de queda a partir de las 7pm del día 21 de Noviembre, medida que consiste en que nadie puede salir a la calle para no ser arrestado. Durante el toque de queda la situación se salió de control en las periferias de la ciudad, principalmente en el sur, en donde los vándalos empezaron a ingresar en unidades residenciales repletas de vecinos asustados que se armaban para defenderse de los saqueos. El pánico colectivo escaló con los videos e imágenes que se compartían en redes sociales. La mayoría de las víctimas vivían en unidades residenciales de clase media, únicamente atacaron estos sitios que tenían un montón de vecinos dispuestos a defender su propiedad, nunca se presentaron ataques a casas, edificios, oficinas ni locales comerciales. Pronto empezamos a pensar que se trataba de una estrategia de miedo, los movimientos de estos “vándalos” eran bastante similares en todas los ataques, nunca se presentaron robos, ni saqueos, ni víctimas, ni siquiera hubo personas que de verdad pudiesen confirmar el ingreso de un vándalo en sus unidades.

Los vecinos disparaban contra quien vieran en la calle, sonaban las sirenas del barrio, las alarmas de las casas, los gritos de la gente. Los vecinos armados con palos de escoba, chanclas y cuchillos de cocina esperando a la entrada de sus unidades residenciales la llegada de los violentos. El caos terminaba cuando las fuerzas armadas o la policía nacional llegaban al sitio recibidos con aplausos por los vecinos, que aterrorizados lloraban de felicidad al ver que alguien llegaba a defenderlos. Esa noche del jueves 21 de Noviembre pocos durmieron en Cali, el terror se apoderó de la ciudad y el pánico de las unidades residenciales. El país se enteraba de esta situación por medio de las redes sociales pues los medios masivos de comunicación pretendían ocultarlo.

El viernes 22 de Noviembre el paro continuaba en otras ciudades, entre ellas la capital de la república. Al caer la tarde en algunas localidades la violencia escaló y el alcalde también decidió decretar el toque de queda para la ciudad de Bogotá a partir de las 9pm. Sorprendentemente en Bogotá sucedió lo mismo que en Cali, y aproximadamente a las 10pm empezaron a avisarnos en las unidades residenciales de clase media que venía hacia nosotros una turba de vándalos y que debíamos estar preparados. Yo vivo en una unidad residencial ubicada en un sector de estrato 3 (en Colombia tenemos estratificación socioeconómica en la que el estrato 1 es el más bajo y el estrato 6 el mas alto). Pronto mis vecinos salieron a dar rondas alrededor de nuestra unidad armados con palos de escoba, chanclas y de valor, otros con armas de fuego esperaban atemorizados a los vándalos invisibles que habían atacado la ciudad de Cali la noche anterior. Observé como el pánico se apoderaba de nosotros y la paranoia empezaba a manifestarse en los gritos de la gente, las sirenas y alarmas del barrio. Insultaban y perseguían a los desafortunados transeúntes que tal vez eran nuestros vecinos, o personas que se habían por fuera de sus casas. Nosotros llenos de terror increpábamos a todos con los palos, las chanclas, las linternas y los balazos: escalaba la violencia al interior de las unidades residenciales de la ciudad.

Al igual que en Cali, los supuestos saqueos solo se dieron en las unidades residenciales y no en casas, ni almacenes, y acá en Bogotá también aplaudimos al ejército nacional cuando llegó en un camión a defender nuestros dominios. Todo parecía ser un plan orquestado para crear terror, y nos aterrorizamos y no dormimos en toda la noche esperando el momento en que los inexistentes vándalos nos atacaran. Las redes sociales fueron garante de la creación de pánico colectivo y muchos videos fueron compartidos varias veces con ubicaciones distintas. Muchos sabemos que hubo una estrategia para crear el pánico colectivo, se utilizaban las unidades residenciales pues estas se componen de cientos de vecinos que seguramente compartirían en sus redes sociales la terrorífica situación.

No sabemos aún quien estuvo detrás de este siniestro plan, pero al parecer sus tácticas funcionaron y lograron sembrar el miedo y la incertidumbre. Lograron que los vecinos nos organizáramos para defendernos violentamente, y que todos aplaudiéramos el proceder de las fuerzas armadas. Los días siguientes las marchas han continuado pacíficamente, los cacerolazos siguen sonando, los vándalos ya no atacan, ya no existen, parece que nunca existieron. De nuevo nos hemos dado cuenta del poder que tienen las redes sociales, de la facilidad con la que se manipula a la sociedad por medio de ellas.

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